MOVIMIENTO FAMILIAR CRISTIANO CATÓLICO EN PERÚ

MFC PIURA: EMPECEMOS POR EL PRINCIPIO




Todo a su tiempo.

La “moda”, es lo que prima sobre la persona, hoy en día “el tener más” rige la vida de casi todas las personas, hoy que se busca una vida fácil y cómoda… es cuando el hombre debe de comenzar a repensar su vida, al porqué está en esta vida, que labor tiene que hacer en este mundo, etc.
En la familia los padres, principales responsables de la educación de sus hijos, deben aprender a graduar lo exigido a los hijos. Los padres tienen que aprender a reconocer en sus hijos las cualidades y debilidades que toda persona presenta a determinada edad, de manera que pueda graduar lo exigido a las capacidades que presenta cada uno de sus hijos. A esto denominamos gradualidad, principio que rige a toda persona en su formación. No es lo mismo exigen a un niño de 8 años que a un joven de 15 años cuando se le pide responsabilidad. Ciertamente que la responsabilidad es única, pero la consciencia de responsabilidad es diferentes en ambos personajes. Lo importante es que los padres aprendan a exigir a los hijos según su edad, pero siempre siguiendo una secuencia, la cual permita verificar y reforzar lo adquirido, pero sobretodo alentar y felicitar lo logrado, antes que caer con el mazo de la rabia y la cólera.
Lógicamente que los padres, caerán en la desesperación al no poder comprobar resultados inmediatos, recordemos que para adquirir un hábito positivo debemos trabajar duro y esperar un buen tiempo para que la persona adquiera ese hábito. Lo importante es no desfallezcamos, sino que aprendamos a tener bajo la manga diferentes estímulos que permitan al hijo estar pendiente de realizar el cambio, de sentirse querido y apoyado en todo momento. Muchos padres caen en la trampa de comparar a sus hijos entre ellos. Una vez escuche a una amiga, que no solo comparaba a su hijo con los demás hermanos, sino que tuvo la mala decisión de compararlo con los hijos de la amiga. Lo cual es imperdonable y muy perjudicial para el hijo. No hay que comparar a los hijos, antes bien debemos ofrecer diferentes estímulos ante iguales experiencias que realice el hijo. Al final se verán resultados diferentes en su actuar.Los padres tienen que tener la firme decisión de aprender a decir la verdad, para poder evaluar y guiar con firmeza y exigir con amor lo enseñado, enseñanza que corre al ritmo de crecimiento de los hijos, buscando la gradualidad para cada uno de ellos. Recordemos que si no decimos la verdad a los hijos, ellos mismos al final se enteran de todo. Si quiero enseñar a amar a mi hijo, debo actuar y vivir con la verdad. Esto parece un refrán bonito, un paraíso, pero no es así es un paraíso de aprender a ser coherente, un paraíso de paciencia, un paraíso de esfuerzo constante por tener un plan de acción, un plan que permita acompañar a cada hijo. En pocas palabras un plan de vida personal y familiar.
Los invito a vivir en la verdad y partir en todo momento de ella, el camino es difícil y muy duro, pero gratificante cuando vemos los resultados en cada uno de nuestros hijos.
Mamá Margarita, madre de San Juan Bosco siempre le decía: "Dios te ve, porque te ama".

Vivamos a los ojos de nuestro padre Creador.


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